Manuel Gamero recopila en un libro 62 azulejos de la Virgen de Setefilla

Hace algo más de un año el escritor y diseñador loreño Manuel Gamero Nieto, pintor de profesión, se dio cuenta que en la mayoría de las casas que visitaba cuando iba a realizar un trabajo de pintura, había un azulejo de la Virgen de Setefilla, patrona de los loreños. Fue entonces, cuando decidió, ponerse manos a la obra para recopilar todos los que hubiese y crear un libro que no solo recogiese la imagen de los mismos, sino también su historia.

«Por mi trabajo de pintor, entro en muchas casas y había observado que hay una gama muy amplia de azulejos, todos diferentes y como también soy un apasionado del coleccionismo pensé en recopilarlos», cuenta Gamero, que reconoce que «mi idea era recopilar todos los que hubiera».

Un total de 62 azulejos componen este nuevo libro de la historia de Lora y sus loreños y es que según sostiene su autor, donde hay un loreño hay algo de la Virgen de Setefilla y es que los azulejos que componen el libro no solo han sido recopilados en Lora sino también fuera de sus fronteras. «En el libro hay azulejos de loreños que viven en Jaén, Córdoba, Málaga, Barcelona, Valencia, Sevilla, Rota (Cádiz) y Hornachuelos (Córdoba). Había uno de León pero no lo he llegado a poner porque no tenía buena calidad y sé que hay uno en Alemania que lo pedí pero no me ha llegado», dice el autor.

Y es que gracias a una publicación de Manuel en Facebook y al boca a boca de aquellos que conocían el trabajo de investigación que estaba llevando a cabo, pudo hacerse con muchos más, algunos de ellos, los que se encontraban más cerca de Lora, ha ido él mismo a fotografiarlos y a conocer su historia. La mayoría de estos azulejos y mosaicos de la Virgen se encuentran situados en los patios de las casas, pero también en la subida de las escaleras, mientras que los que se encuentran en sitios públicos o religiosos están en fachadas de edificios.

«La mayoría de los azulejos que me encuentro en las casas son puestos por decisión de esa familia, en otros casos, en menor medida hay gente que ha comprado la casa y se los ha encontrado allí puestos. Otros han ido cambiando de sitio, al cambiarse los propietarios del mismo de domicilio.

Aunque todos tienen su historia y peculiaridades, unos son más curiosos que otros como es el caso del azulejo al que se le quedó intacta la cara de la Virgen después de realizar obra en la vivienda en la que se encontraba instalado: «Todo el azulejo se destruyó menos la cara por eso esta tiene otro color que el resto del cuerpo que fue restaurado y está ahora en el patio del Casino Mercantil», relata Gamero, que cuenta que otro de ellos es el que estaba en la estación de tren antigua que ahora está en la casa de la Virgen.

«Un poeta muy famoso habla de él en uno de sus trabajos ya que le gustó mucho cuando lo vio un día que pasó por la estación, al igual que al restaurador que lo arregló, que le gustó tanto, que se negó a devolverlo y estuvo muchos años en su posesión», dice.

El más antiguo de todos, según cuenta el autor, es de 1767 y se encuentra situado en el número 31 de la calle Colón. «Gran parte de los azulejos que hay han sido fabricados en serie», afirma Gamero, «solo cambian los elementos arquitectónicos que se les ponen cuando se montan, como son el tejaroz y las peanas». En el libro también habla del daño que hicieron las máquinas de serigrafía al alfarero o ceramista artístico.

 

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